LA HISTORIA

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AQUEL HORT DE VILLA ANTONIETA…

Fue en el año 1991 cuando un conocido comerciante de naranja de Carcaixent, el señor Norberto Ferrer, nos vendió su huerto de Villa Antonieta. Nos contó que a la postre de los años 20 del siglo pasado, con los beneficios que daba entonces la naranja, transformó esta loma de secano con olivos, algarrobos y almendros, en un huerto abancalado de naranjos aportando tierra fértil de la llanura del río Júcar.

El Sr. Norberto se casó, pocos años antes, con la señorita Antonia como resultado de un enamoramiento que se produjo en el pueblo de Soller (Mallorca). Ella le pidió una casa de campo al nivel de su estatus social y su marido Norberto le edificó el antiguo chalé modernista (actualmente rehabilitado). Además, continuó con la transformación del huerto: acondicionando terrazas, plantando árboles exóticos como eucaliptos o casuarinas y unas alargadas hileras de palmeras que todavía hoy ennoblecen ambos lados del camino de acceso a nuestro huerto de Villa Antonieta.

Cuentan en Carcaixent que esta finca en el campo es una de las de mejor localización y belleza estética. No es la más grande, pero si la más agradable. Incluso dispuso la finca de una pista de tenis (para jugar la señorita Antonia) y un espacio ajardinado con un estanque de peces y nenúfares.

Acabada de comprar la finca por nuestra parte, un señor de más de ochenta años vino con su hijo a dar un paseo por las terrazas y la casa para refrescar la memoria, antes de morir, de lo que vivió en aquel huerto cuando la naranja se pagaba a 150 pesetas la arroba. Según contaba este hombre, el señor Ferrer al acabar la cosecha invitaba a recolectores, jornaleros, mujeres de almacén (donde se seleccionaba y encajaba la naranja), comerciantes y amigos, a una fiesta en primavera y con la naranja ya cobrada. Subían en un carro lleno de banderitas decorativas hasta el huerto y el buen hombre octogenario nos contaba, con todo lujo de detalles, en qué habitación se cambiaban y como, con disfraces carnavalescos, hacían fiesta en las terrazas del huerto con música y todo. El hombre miraba y remiraba, emocionado, entre los fanales y las parras del antiguo huerto de Norberto Ferrer.

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